23 de septiembre de 2012

Virus informático

Encogido en el salón de su casa, tras el sillón y junto al mueble de la televisión, tomaba sus rodillas e intentaba guardar silencio y no sollozar. Temblaba como una hoja otoñal al viento. No lo entendía. No tenía sentido nada. Pasó a cubrirse la cabeza y estirar las rodillas un poco. Por su cabeza pasaba el pensamiento de lo absurdo que era su comportamiento. No podía estar encogido en un rincón, a sus 21 años, por alucinaciones inconcebibles.

Bufó conteniendo una risa y se levantó. Realmente había sido tonto. Pasó la mano por su cabello corto y enfiló el pasillo hacia la cocina. Estaba oscuro, y un atisbo de miedo volvió a asomar en su cabeza. Decidió no encender la luz, le parecía patético. Inspiró fuertemente y se asomó al cuarto de estudio, donde todo estaba como lo había dejado en su huida. Luz encendida, la silla en el suelo, en la pantalla del portátil la página de juegos, el plato sucio de la cena en la mesa, el tenedor en el suelo y... el cuchillo clavado en la pared. Se le volvió a parar el corazón. ¿Qué diablos hacía el cuchillo allí? Con precaución arrancó el cuchillo de la pared y lo dejó sobre el plato. El tintineo en la cerámica le hizo estremecer, así que decidió encender la música para no sentir la soledad de la que estaba impregnada la habitación. Los sonidos de la guitarra eléctrica inundaron la habitación, lo que le reconfortó.