3 de enero de 2015

Sol y mar

Cerró los ojos, pudiendo aún sentir el sol del atardecer a través de sus párpados, sin que llegara a deslumbrarle. Inspiró y sintió el aroma a sal y arena, acompañado del dulce sonido del batir de las olas en la orilla, con el viento acariciando su cuerpo, recorriendo cada curva. Se puso en pie y hundió los dedos en la arena, apartándose los cabellos sueltos que le entraban en los ojos, cegando brevemente la vista al vasto mar, batiéndose salvaje sobre los acantilados del horizonte.
Verde y azul en una fusión invisible e intangible, imposible de adivinar dónde y por qué cambiaba de un color a otro.
Se hizo sombra sobre los ojos para ver al sol ocultarse. Aún no se hacía a la idea de que en ese lugar el astro rey salía por las montañas y se ponía sobre el mar. Era agradable poder observar la puesta de sol sin tener que acarrear con la molestia de mirar la hora.