Morir no sólo significa que nuestro corazón se pare, o que nuestro cerebro deje de funcionar. No. Morir es más.
Porque yo muero cuando veo la noche caer.
Muero si veo dolor.
Muero al ver a alguien sufrir.
Muero cuando hago sufrir alguien.
Muero si hiero, si daño, cuando ataco, cuando genero odio.
Muero al sentirme culpable de desgracia ajena.
Muero cuando una persona hace daño a otra.
Muero si me siento inútil para el mundo.
Muero al decepcionar.
Muero cuando me decepciono.
Muero si alguien me odia.
Muero al sentir tristeza.
Muero cuando alguien que me quiere deja de hacerlo.
Muero si un amor muere.
Tras cada una de las situaciones que me hacen sentir esa noche caer, se velan los ojos, se oprime el corazón. Respirar duele porque no vale la pena, pierdes el sentido por lo que luchar. No hay meta, no hay fin. Traicionar, herir, que te hieran o que te traicionen. Producir o recibir dolor. Ver sufrir. Sufrir. No sientes que el fino hilo de la vida que te lleva a través de ella tire de ti y te haga seguir.
Las razones por las que vivo son mis sentimientos, los que mantienen en pie. La amistad, la confianza, el amor, la felicidad. Y juntos a ellos, las cosas y personas que los otorgan.
Morir es perder lo que para nosotros es vida.
