Los OJOS sólo alcanzan a contemplar, a través de la ventana, en parte un bello paisaje montañoso iluminado por la luz diurna y brillante del día amanecido, en parte la silueta del enorme edificio de metal azul y la copa de algunos árboles del verde y llano parque que se extiende frente a el gigante artificial. El astro rey resplandece en el cielo sin tener rival, puesto que no hay nubes que eclipsen su disco.
OYES un ligero ruido del tráfico de la calle, transitando por la avenida. Pero es verano, temprano, y esas horas hay un sonido que eclipsa el de las ruedas sobre el asfalto: el canto de los pájaros que acaban de despertar, que vuelan de forma aparentemente errática surcando el cielo y siendo un obstáculo para su extensión ininterrumpida.
El OLOR que percibes es el del suavizante perfumado que llevan las sábanas, un aroma que quizá imaginas similar a la lavanda. También entra por la ventana el olor de la mañana, ligero a bosque y a cielo. Atisbas un ligero SABOR al café que preparan en la cocina, tan intensa es la fragancia de la bebida.
Todo lo que siente tu cuerpo tras ese despertar es todo nuevo. Es como volver a nacer, es experimentar desde el desconocimiento, es examinar todo tu alrededor como si acabaras de pisar ese mundo. Nada ha ocurrido antes de que sintieras todo eso. No hay día anterior. No hay un después mientras te desperezas sintiendo todo.
Poco importa lo que hayas soñado, las pesadillas que hayas tenido, lo mal que lo pasaras el día anterior o los problemas, dudas y dolores que tengas. Si despiertas, atiendes con todos tus sentidos cada detalle y sientes que has renacido en un mundo nuevo, no habrá nada que te hunda ni te pueda detener.
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