Ponte de pie, cierra los ojos, relaja el cuerpo. Inspira profundamente y siente el suave aroma fresco que emite la hierba verde, el viejo roble y el dulce río. El viento trae los sonidos de tu alrededor unidos a los que quedan lejos de tu alcance: el agua contra las rocas del lecho fluvial, el susurro del aire en las hojas de los árboles y los arbustos. Parece un cántico que eleva la tierra a sus visitantes, formando un coro armonioso cuando se une a los sonidos emitidos por los grillos, las aves y el batir de alas de las mariposas. Tu respiración se une al elenco y se acompasa a la naturaleza. Te sientes en la nada, en el vacío, en el lugar perfecto en el que tu mente vaga libre por primera vez desde que eres capaz de recordar.
Sobre tu piel sientes el viento fresco y el roce de algunas hojas y flores peregrinas. Todo es paz. Todo es calma. En tu mente se ha apagado el torbellino de la vida diaria. Sabes que sólo durará un instante, pero no deja de ser un alivio parar el reloj por unos minutos.
Sí al valencià! Jo també faig rituals satànics... Creme els llibres de lectura de castellà de l'institut i en faig un exorcisme. Ja que t'agrada tant escriure pots practicar una miqueta a www.relatsencatala.cat i passar d'insultar la llengua pròpia de la teua terra a fer-li un favor: fer-la teua.
ResponderEliminarCrec que t'has confundit. M'agrada el valencià, el que no m'agrada son les classes de valencià al meu institut.
ResponderEliminarA més, no et pots queixar, València no és la meua terra, no sóc d'ací, i així i tot, parle valencià, el faig meu i defense un lloc i una cultura que valore moltíssim. Tanmateix, gràcies, pero per ara preferisc escriure en castellà, no tinc suficients recursos en valencià.