29 de junio de 2013

Ironía fatídica

Salieron de la cafetería. Las dos alzaron la vista a la vez hacia el cielo oscurecido y se encontraron con gotas de agua cayendo en sus ojos.

Pf, llueve.
Gracias por la información, Laura rió una.
¿Volvemos a entrar, corremos, caminamos o qué?
Corramos, de aquí al cine no queda mucho.

Comenzaron a correr por las oscuras callejuelas, procurando igualmente pasar por avenidas más iluminadas. Corrían suavamente, tapándose la cabeza con los bolsos e intentando no pisar charcos, pero la lluvia empezó a arreciar y las jóvenes aceleraron su marcha.

Laura empezó a sentir una angustia interna que poco tenía que ver con el cansancio. Notaba una presencia detrás, pero no era la de su amiga Alicia. Sentía una sombra acechando. Preveía algo malo. El cine estaba tan solo a 5 minutos más, pero de repente se le antojó encontrar un refugio, y no precisamente de la lluvia.

De pronto, la sombra se hizo patente junto a ella. Una sombra de una silueta oscura y ajada. Intentó alertar a Alicia, pero ningún sonido pudo salir de su boca y su amiga no parecía haberse percatado de la presencia del extraño ser junto a Laura. Aceleró la marcha dando tumbos cada poco, mirando hacia su derecha, donde la sombra seguía junto a ella, unida por un lazo irrompible.

Eh, ¡no corras tan rápido! gritó su amiga.

Laura, sin embargo, se quedó contemplando la figura fijamente, embelesada y atraída por los movimientos ondeantes de la silueta. La joven volvió la vista al camino, justo para darse cuenta de que su pie había tropezado con una baldosa ligeramente levantada en la acera. Y frente a ella, donde su cabeza caería, había un poste bajo, con su redonda bola metálica en la parte superior.

El suelo resbaladizo no ayudó a sus pies a frenar la caída. Entonces, cuando estaba apunto de golpearse, la sombra alargó el brazo hacia ella y le tendió su mano. La joven la aceptó, y sintió un tacto sólido pero helado, a la vez que distante, como si fuera a desvanecerse ese soporte en cualquier momento. Creyó haberse salvado de morir. Pero cuando miró hacia delante, vio su propio cuerpo caer, mientras ella se sentía separada de él.

Le había dado la mano a la propia Muerte sólo para salvarse.


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